Toi, dans mon lit…

Moi, sur ton corps…

 

A LA PUTA QUE SE LLEVÓ MIS POEMAS

Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡Por Dios!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!
¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente
lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones enfermos en el
rincón
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de
cincuenta,
pero mis poemas no.

No soy Shakespeare
pero puede que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros;
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
“Veo que he creado muchos poetas
pero no tanta poesía.”

C.Bukowski

 

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Ama y haz lo que quieras.

97poema

Sigo cayendo hacía ti

mientras tú te hundes en mi cuerpo

deseo sortear mis besos

empaparte de caricias

renacer con la luna

abrazando el sol

sin temor del amor

el hedor de un corazón dormido

calcinando sus sentimientos

tratando de vivir el hoy

la respiración es controlada

sentimientos absortos

abriendo las puertas al mero placer

conexión tibia

mojada

bocas purulentas besando lo sublime

de las puertas del hedonismo

sin cinismo me masturbo

a traves de tu olor.

(A. Arnaiz)

 

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L.S.

Entre sonidos y tacones.

Estoy esperando que vengas, raudo y veloz, a mis pies.

Te espero sobre unas botas de  tacón infinito,

cubren mis rodillas,

son cálidas.

Entras por la puerta, te fijas en mi vestido corto, y en las botas…

-Ponte cómodo-te sugiero.

Y lo haces. Te has quedado fijo en el sonido de los tacones, puedo notarlo.

Comienzo a caminar lentamente muy cerca de ti, noto tu aliento en mi cuello.

-Ponte de rodillas y acaríciame las bota-te indico.

Lo haces. Te intimida. Te excita.

Lo sé.

Acaricias el empeine, te deleitas en el tacto de la piel de la  bota. En el tacón, en la suela. La miras, la hueles.

-Bésala suavemente-te digo.

Lo haces con tus labios, apenas un ligero roce. Tu lengua sin embargo es más agresiva y quiere extenderse por cada poro de la piel. Inspiras , te deleitas en el olor.

Suspiras.

-Saca más tu lengua. Te ordeno. Quiero ver como el tacón invade tu boca.

Te excita. Y me excita…

Acaricio tu pelo mientras un remolino de sensaciones invaden la habitación.

Lentamente. Profundamente . Tus manos alrededor de mis pies, de mis piernas, queriendo subir, queriendo abarcar todo mi cuerpo.

-Puedes acariciar mis nalgas- Te sugiero.

Lo haces encantado con una ligera sonrisa de satisfacción.

-Gracias-me dices.

Tus manos bajo el vestido negro, aprietan mis nalgas como temiendo que vayan a escaparse. Sobre el tango negro tus dedos se mueven inquietos, intentan situarse bajo la tela.

-Aun no- te indico.

Acaricia sobre el tejido solamente.

Caricias sinuosas, dedos buscando profundidades, manos firmes e inquietas.

-Vuelve a mis pies- te pido.

Y así sumergido en el placer del sonido de las botas al caminar dejamos que se derritan los minutos, entre gemidos , escalofríos y caricias deseosas de sentir y  seguir explorando. ..

 

“El erotismo sobrevive a todo…”

L.S.

 

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I never felt this way before.

Un cálido recibimiento.

Se me ocurre que vas a llegar diferente. Distinto… Como siempre

Como nunca.

Va a suceder que te voy a esperar de un modo especial. Como no lo esperas.

Como lo imaginas.

Acabas de coger el tren, en unas horas estarás aquí. En mi cuerpo, en mi piel.

Tu lengua volverá a enredarse en mis cavidades buscando tal vez alguna nueva. Y tú, respirarás cerca de mi aliento y como si de la droga más fuerte se tratase y yo de la adicta más extrema, conseguirás que vuelva a ser yo.

Estás llegando. A veces los kilómetros se eternizan, se alargan de tal modo que es inevitable impacientarse. Pero hoy, podremos con ellos.

Voy a esperarte en casa, encenderé la hoguera. Las velas con olor a avellana y miel. Música, el blues adecuado sonará de fondo. Tengo vino en la nevera y mi sangre hirviendo bajo la lencería.

Me has hablado sobre tus ganas de ver una película en el sofá. Me he reído. Ni tú ni yo aguantaríamos más de 10 minutos.

Me gusta como observas, lo que observas y lo que pensarás mientras lo haces. Te miraría unos segundos y después te comería a besos. Inevitable.

Voy a verte entrar por esa puerta, altivo y orgulloso. Desde las alturas se ve todo distinto, imagino.

Sonriente. Feliz.

Sediento.

Yo, hambrienta. Excitada.

Desnuda.

Solo cubrirán mis pies unos zapatos de tacón infinito, para llegar así mejor a tus labios. Un collar y nada más.

Vas a entrar por la puerta y me vas a encontrar frente a ti. Esperándote, serena, feliz, sonriendo. Perfumada, con carmín rojo en los labios y un “por fin “ en la mirada que lo va a decir todo, y nada.

Un día me hablaste de esa imagen. Llegar a casa y encontrarme desnuda, esperándote. Preparada para ti.

Bella y entregada a tus caprichos.

Tú, vestido, observándome desde la distancia. Tan cerca. Tan mío.

Sin tocarme.

Vas a entrar y sonreirás orgulloso. Sabiéndote dueño de este juego con las reglas que tú inventaste. Satisfecho porque fui obediente .

Me observas. Semblante serio. Excitado aunque prefieras ocultarlo.

-“Date la vuelta”- me dices.” Quiero observarte”

Me giro. Sinuosa. Sensual. Quiero provocarte las sensaciones más exquisitas. Las más animales.

-“Ve al sofá y túmbate. Espérame ahí. Ahora vuelvo”-Me indicas.

Y lo hago. Tumbada sobre el sofá blanco, me dejo los zapatos, las piernas ligeramente abiertas.

Escucho tus pasos llegar. Puedo olerte desde aquí, ese perfume es mortal por necesidad.

-“Abre más las piernas”-me dices. “Quiero ver tu sexo”

-“Me lo ofreces?”-me preguntas.

-“Claro”-te contesto.

-“Es tuyo”- añado.

Sonríes.

La música…ese blues no podía faltar en este momento.

Tócame, por favor. Pienso. Y me quedo con las palabras dentro.

No las pronunciaré.

Frente a mí, me observas. Bebes una copa de vino blanco.

Te acercas sigiloso, humedeces mis labios con tus dedos untados de amor y vino.

“Úntame. Con todo, lléname, inúndame. Traspasa mi piel”. Pienso.

Vuelves a alejarte. -“Tócate para mí. Mastúrbate lentamente”-me ordenas.

Humedezco mis dedos con saliva. Te miro mientras lo hago. Voy bajando hasta llegar a mi sexo.

-“Ábrete más”- me pides.

Te obedezco. Y cada orden es una caricia. Estimula, incita.

Y cada excitación es una prueba a mi paciencia.

Acaricio mi sexo, húmedo. Mi cuerpo se mueve casi al compas. Se eleva, te reclama. Mi mano izquierda se dirige hacia mis senos. Efervescentes, apuntalando hacia tu mirada.

-“Mas rápido, cariño, quiero notar como explotas. Hazlo para mí.”-me dices con tono cálido.

Y, como decirlo…tus deseos son ordenes para mí y placeres para mi pobre cuerpo , paciente y obediente, hoy más que nunca.

 

Suena el timbre.

Voy a recibirte con el deseo a flor de imaginación.

 

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