No importa cuando si hoy es todavía.

 

A veces duendes y hadas se encuentran en sueños,

y en contadas ocasiones …

el duende, a pesar de su sigilo, despierta al hada en plena madrugada.

Ella nota una extraña sensación en sus muslos, un calor repentino y unas gotas que resbalan por entre sus nalgas. Se estremece. Y con los ojos aún cerrados busca en el vacío algo que la oriente sobre su identidad. Se topa con la cabeza del duende que anda distraído entre su ombligo y el pubis.

La oscuridad manda y apenas puede entrever al duende. Apenas unos rizos en su cabello, una lengua y unas manos que no cesan en devorar su piel en una madrugada cualquiera del mes de mayo. No acierta a saber mucho más de él.

Ella comienza a gemir, los largos dedos del duende intentar profundizar en el suave cuerpo del hada. Se resbalan al compás de los leves movimientos de ella.

Retira el tanga blanco con la boca.

La deja desnuda bajo las sábanas.

Y él, escondido bajo ellas  se enreda en la oscuridad, entre los sueños y las fantasías  del hada .

 

L.S.

 

 

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