Tengo un romance con los mejores labios de la ciudad, y él aún no lo sabe.

No hace falta

que nos perdamos

por las calles de la ciudad,

besándonos en cada una de las viejas esquinas

descritas por cada uno de los nuevos poetas,

ni que bebamos vino tinto junto al mar

en noches de luna llena

mojándonos los pies,

dejándonos  acariciar los dedos  por alguna suave ola

que nos besa lentamente,

y  ser así, más  intensos.

Para ser dignos de erizar pieles

de estimular miradas

o letras,

en  dos frases arrítmicas.

No hace falta,

si tú  y yo follando en el  suelo

ya somos poesia…

 

 

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