Así decía el hierro al imán: te odio porque me atraes, sin que tengas fuerza suficiente para unirme a ti.(Nietzsche)

Déjame conjugar tu nombre entre tiempos y juegos.

En tus dedos.

Bajo tu ombligo.

Déjame eternizarlo en los días y las tardes.

En las  largas madrugadas de carmín rojo.

Ese nombre que tienes y que juega en la memoria de los relojes y las horas

de los minutos y los instantes .

Ese nombre,

me gustaría abrazarlo

saborearlo

sentirlo crecer dentro 

en el delirio

a contraviento

entre mis muslos 

chorreando acentos.

Ahí, justo ahí,

bajo la ropa enjuagada de placer

que se derrite preguntando por vos…

(Junio18)

Copyright©2016-19L.S.