El deseo nos sitúa ante una infinitud ambigua.

El erotismo exige una obscenidad ligeramente subliminal, una obscenidad poética, y la dosificación de esta obscenidad es extremadamente delicada de observar.

(Boris Vian)

 

…Abriendo mi deseo en esta mañana

más alla incluso del interior de mis muslos

Un primer lametazo que me hace pulsar un anticipo de placer.

Una lengua que traza movimientos circulares y hacen cantar a mi cuerpo

con movimientos que parecen dibujos imposibles.

Me lleno de su respiración, sus ritmos y sus patrones.

Mis sentidos se diluyen en cada gota de su saliva.

Despierto, envuelta en un delicioso vaivén

invadida por mis propios  dedos,

protagonistas en este amanecer…

 

 

 

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