Si te da miedo decirlo, es que lo tienes que decir.

 

“Cuando el deseo echa raíces en el cuerpo,

la vida adquiere su sentido más intenso

en la búsqueda de ese paraíso que es el cuerpo de la amada.”

 

(Los jardines secretos de Mogador)

 

 

 

 

 

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Mi sístole bailando con tu diástole.

Cuando te como

todos los mares caben en mi boca

navegan veleros fantasmas por mi lengua

y presiento tsunamis de placer que llegan.

Cuando te como el coño

conozco el vino que dio origen a la vida

y lo bebo como el borracho más dichoso

para servirme un trago más de tus adentros.

Cuando te como el coño

espío el porvenir de tus recuerdos

mientras tu cuerpo se exprime

para dar de beber a este eterno sediento.

Digamos que cuando te como entera

te quiero tanto

y como tengo la boca ocupada

en el más feliz de los trabajos

puedo ocultar que me he quedado

seco,

sin palabras.

Están nadando en lo más hondo

diciéndote poemas líquidos

que explican sin sonido

lo que siento

cuando te como el coño.

 

(C. Salem)

 

 

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“Te busco en todo, aunque te haya encontrado”.

Esclavo mío, témeme.

Ámame.

Esclavo mío!
Soy contigo el ocaso más vasto de mi cielo,
y en él despunta mi alma como una estrella fría.
Cuando de ti se alejan vuelven a mí mis pasos.
Mi propio latigazo cae sobre mi vida.
Eres lo que está dentro de mí y está lejano.
Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.
Junto a mí, pero dónde?

Lejos, lo que está lejos.
Y lo que estando lejos bajo mis pies camina.
El eco de la voz más allá del silencio.
Y lo que en mi alma crece como el musgo en las ruinas

(Pablo Neruda)

 

 

 

 

 

 

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