La realidad no nos basta…

…aspiramos a la posibilidad.

 

 

-¿Confías en mí?- le pregunté.

-A ciegas- me contestó.

Y salimos rumbo hacia algún lugar.

Esta vez conduciría yo, él fue en todo momento con un antifaz sobre sus ojos y la calma por aliada.

No me preguntó nada, mejor así.

Nos dirigimos hacia un enorme parque donde según la hora del día solía haber más o menos gente. Aunque nosotros no iríamos de día precisamente.

Sobre las 20h en pleno mes de febrero iba conduciendo mi coche negro con un vestido recién estrenado en tonos verdes, corto y muy vaporoso, en los pies unas botas negras altas.

Él, a mi lado respirando algo agitado y sin pronunciar palabra.

Tras unos minutos breves para mí y muy seguramente infinitos para él, llegamos.

Aparqué y nos bajamos. Él se había vestido para la ocasión como le indiqué. Traje de chaqueta, camisa blanca y nada de corbata. Elegante y cómodo. Esa era la idea, y así lo hizo.

Ya era  de noche y no se veía demasiado movimiento. Una terraza con las luces aún encendidas anunciando que en breve cerrarían y nos dejarían un poco más a oscuras.

Un parque casi vacío y algunos ciclistas rezagados que ya estaban seguramente de vuelta a sus casas.

-Ven, sígueme- indique suavemente.

Con los ojos tapados, le coloqué con mucha dulzura una cuerda negra en su cuello de tal modo que podría guiarle sin temor a que se tropezara.

Me adelanté unos pasos y fui adentrándome en la arboleda infinita del parque.

Olía a excitación, a noche abierta, a su perfume, a mis ganas de experimentarle …

Un poco más adentro aún y unos minutos más tarde  ya estábamos justo donde quería estar que era sin duda el lugar ideal.

-Inspira, disfruta de este olor- le indiqué.

Le quité la cuerda del cuello, le acerqué hacia un robusto árbol y le observé.

Sus labios reflejaban una mezcla de emociones, calma aparente, confianza, temor , excitación…

-Y ahora siente este otro olor- volví a decirle.

Acerque mi cuello hacia su nariz, y mi boca a la suya. Humedecí sus labios, los mordí sutilmente, volví a pasar la lengua por ellos, como queriendo curarlos tras la sacudida de mis dientes y le besé.

Boca con sabor a menta y a ganas. De esto, de mi juego y de todos mis deseos de los que él era ya el protagonista desde hacía tiempo.

Saqué una cuerda más fuerte y larga de mi bolso y la utilicé para amarrarle al árbol  de tal modo que no pudiera ni moverse, ni apenas usar sus manos para nada. La cabeza apoyada sobre el árbol, los labios entre abiertos, la noche cada vez mas cerrada y el sonido de las ramas de los arboles cerca de nosotros. Todo era perfecto.

-Ahora vuelvo-le susurré.

Tembló. Quiso decir algo y me adelanté.

Me quité el tanga, negro  de encaje, se lo metí en su ansiosa boca y para asegurarme que permanecería en el mismo lugar tras mi paseo por el parque, lo amordacé con una cinta adhesiva también.

Y me fui de su lado.

Aunque permanecí allí de algún modo, tal y como le dije.

Me alejaba mientras le iba observando.

Solo, sin hablar, sin ver, sin moverse.

Me excitaba su confianza y su entrega.

Según me iba distanciando más, él se perdía junto a la sutil niebla y mis ganas de regresar a su lado aumentaban. Aún así me demoré.

Regresé y ahí seguía . Valiente. Paciente.

Liberé su boca y una de sus manos.

Toqué lentamente su entrepierna y pude notar su excitación, le apreté  para después bajarle la cremallera y regalarle una pequeña dosis de libertad.

Suspiró.

Las ataduras apenas le permitían mover su mano derecha, igualmente le ordené que se acariciara para mí.

Otro suspiro. Siguió mis indicaciones mientras su boca hacia una ligera mueca de placer adelantado.

-No te emociones- le dije.

Y allí estaba él, en mitad del infinito parque cubierto de esa misteriosa niebla, apenas solos, que bien…solos. Y dispuestos a llenarnos de sensaciones.

-Para- le ordené.

Volvi a besarle, esta vez más húmedamente.

Me alejé de su boca y le invité a repetir el mismo proceso.

-Acaríciate muy lentamente, demorándote en cada  pequeño movimiento, vas a estar así hasta que yo te lo diga-

-Como tú digas- acertó a contestar.

Su miembro deseando verterse entre sus dedos, él retorciéndose ligeramente sobre las cuerdas, sus labios mas abiertos aún y la lluvia queriendo unirse a nosotros.

-Calma, tenemos toda la noche- le susurré al oído.

El viento iba acariciando mi pelo.

La lluvia queriendo unirse a nuestro pequeño juego y los ruidos misteriosos de algunas ramas que a veces conseguían inquietarle. Más aún.

-¿Estamos solos? – me preguntaba un poco impaciente.

-Confía en mí- me limité a contestarle.

-Acelera el ritmo- le ordené esta vez más tajantemente.

Lo hizo.

Me acerqué y abrí su camisa blanca que ocultaba sus perfectos pectorales desde hacia unas horas ya.

Pasé mi lengua por sus pezones, como preparándolos para lo que vendía después y tras unos instantes los apreté. Mordí cada pequeño centímetro y me recreé  en su quejido placentero que empezaba a ser la banda sonora del parque.

-Córrete para mí- volví a ordenarle.

Y aunque el movimiento de su mano era torpe porque apenas tenia capacidad de maniobra, se esforzó en complacerme.

Agilizó el ritmo. Su respiración estaba acompasada a su mano. Mis dedos sustituyendo los pequeños mordiscos y él, que apenas podía aguantar más ya.

-Pronuncia mi nombre- le dije.

-No puedo más- alcanzó a balbucear.

-No puedas más- le contesté.

Y tras unas ágiles sacudidas se derramó sobre sus dedos. Gritó mi nombre al viento y las ramas de los arboles que en esta noche actuaban de testigos , nos aplaudieron mitad exhaustas, mitad deseosas de ser piel en la próxima reencarnación.

Dosis en vena de vida fugaz.

Eternidad efímera.

Le liberé. Le besé.

-Vuelve andando, tengo prisa- le dije.

Y me fui.

Sonriendo.

 

“Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”

(El principito)

 

 

 

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Sexo de urgencia

“Mi opinión en lo que se refiere al placer es que hay que emplear todos los sentidos” (Sade)

 

Una llamada imprevista en la noche, tan lluviosa como fría.

– ¿Te apetece un juego rápido? Estoy muy excitado.

-Claro, siempre me apetecen y con este frío más aún.

– ¿Nos lo montamos en el coche? Solo tengo un rato.

-Sí, me provoca mucho. ¿Cuánto tardas?

-Salgo ahora, unos 20 minutos.

-Genial. Impaciente…

-Que llevaras puesto?

-Algo accesible…

– Me gustaría que no llevaras nada debajo del abrigo.

-Voy a congelarme-

-Ya pongo yo la calefacción alta. Y ven muy sexy. –

Me preparo rápido, me maquillo, me perfumo. Cubro mi cuerpo con unas medias altas negras, unos zapatos de tacón negros también, y un abrigo a prueba de temperaturas bajas.

Excitación, impaciencia. Frío en la espera. Vuelvo a ponerme el abrigo y bajo al portal.

Diluvia fuera.

5 minutos- me dice. El tráfico está imposible, pero llego.

Unos vecinos entran otros salen. ¿se pusieron de acuerdo? – Pienso. Si supieran que estoy desnuda bajo el abrigo. Sonrío.

El coche negro parado con las luces me avisa que ya está aquí. Le observó, sonríe igual que yo. Excitación, nervios, algo de timidez.

Besos y mientras buscamos donde dejar el coche sus manos van subiendo por mis piernas, abren el abrigo. Acaba de comprobar que no llevo ropa.

¿Has visto que obediente fui? -Le digo

Si, en todo- me dice

Callejeamos un poco y por fin damos con una calle poco luminosa y nada transitada.

-Ven vamos atrás mejor. –

Ganas multiplicadas por cien.

Besos explorando su piel, me dejo llevar por la situación y por su perfume. Le beso. Busca mi sexo y comienzo a notar sus dedos en mi interior.

Me siento sobre él, desnuda, con el abrigo abierto aún puesto.

Le desabrocho la camisa y el pantalón.

– ¿Quieres sentir mi polla? Me dice

-Si, por favor

Sus manos juegan con mi pecho. Beso su cuello y observo un momento la calle. No hay nadie, solo algún coche que pasa sin dejar huella.

La lluvia ahí fuera y el calor aquí dentro, en el coche, entre mis piernas.

No puedo más, abre tu coño y déjame entrarme susurra.

Me muevo encima de él, siento su excitación, crece en cada movimiento, sus manos en mis caderas. Profundidad. Sed.

Y el placer fue ahí y en ese momento.

Sonreímos.

Aquí no ha pasado nada-le digo sonriendo.

Se viste, me cubro con el abrigo y volvemos a nuestros puntos de origen.

-Muy excitante- Le digo. Y con otro beso nos despedimos.

Á la prochaine!

 

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