Haz lo que nunca has hecho y verás lo que nunca has visto.

“Yo en tí
Yo te he buscado
cuando el mundo era una piedra intacta.
Cuando la cosas buscaban sus nombres,
ya te buscaba yo.

Yo te he procurado.
en el comienzo de los mares y de las llanuras.
Cuando Dios procuraba compañía
ya te procuraba yo.

Yo te he llamado
cuando solamente sonaba la voz del viento.
Cuando el silencio llamaba por las palabras,
ya te llamaba yo.

Yo te he enamorado
cuando el amor era una hoja en blanco.
cuando la luna enamoraba las altas cumbres,
ya te enamoraba yo.

Siempre,
desde la nieve de los tiempos,
yo, en tu alma.”

 

           (El sueño sumergido 1954. Celso E. Ferreiro.)

 

 

…Mi chico obediente.

Mi chica servicial.

La más fiel de todas las fieles. La más sumisa de todas ellas.

La que siempre dice sí.

La maquillo, la visto, la dejo bien bonita.

Que se vea única y especial frente a todos los espejos. Como lo que es.

Y la saco a pasear.

Con su correa, con sus esposas en las manos. Porque no las necesita estando conmigo.

Un antifaz negro y rosa lleva su nombre en algún rincón de mi estudio, lo encuentro y ya es de ella, y así nos paseamos por Madrid en pleno invierno. Su lencería roja comprada especialmente para ese día. Encima, ropa de abrigo, eso no es negociable. Y la luzco en un parque bien grande.

Mi mascota. Mi sumisa. Mi obra de arte.

Paseamos entre árboles que nos saludan orgullosos ante tanta obediencia y devoción, los abrazamos. Las ardillas y algún perro curioso salen a nuestro encuentro también. Y así, la niebla se va disipando.

Mi chica de labios rojos y cinturón de castidad en el alma y en la piel no me va a decir que no a mi capricho de domingo. Y es que ella es así.

Así, como yo la construí.

Como él ya era.

El abrigo al suelo y ella atada en el árbol. Ataduras que durarán lo que yo necesite. El antifaz en sus ojos, que se derretirá en el momento justo. Un suspiro en sus labios. Y un:-“confía en mí “-en sus oídos.

Sonríe y la beso.

Le bajo el pantalón para que respire su piel.

Su sexo luchando por salir de la jaula de acero se enfurece cuando acerco mi boca a ella y soplo. Me observa, no la estoy mirando, pero lo sé. Acerco mi lengua. Se queda con las ganas de más. Acaricio el frío metal que oprime su deseo a flor de piel y mordisqueo su cuello.

-No vayas a moverte- le susurro. Y me voy.

Regreso en unos minutos y la encuentro acompañada. Un policía frente a ella la observa con incredulidad y deseo. No habla, solo mira.

-¿Quieres unirte?- le pregunto.

-¿Puedo?- me dice.

-Hoy, sí- añado.

Me sonríe con melodía de interrogación.

-Te cedo porque me perteneces- susurro a mi fiel sumisa.

Ella asiente algo agitada.

Saco la llave que abre la jaula de su impaciente castidad y mientras el policía se va arrodillando, compruebo que el antifaz sigue en su lugar.

-Toda tuya-le digo a modo de invitación.

Y se lanza con su boca de hambre atrasada. Les observo. Me deleito y podría alargar ese momento varias eternidades.

-Más fuerte- le indico. Como no capta bien mis indicaciones, sujeto la cabeza de cabello cobrizo y le guío sobre como han de ser los movimientos para que mi leal sumisa goce pero no termine. No aún.

Ella se remueve desde sus ataduras.

Musita algo parecido a un -“para, por favor”.-

Ella sabe que no puede elegir ni decidir. “Más rápido”- le digo a nuestro invitado.

Cuando ya me he recreado suficiente y sin que ninguno explote sus ganas en mitad del parque, invierto los papeles. Mi sumisa se arrodilla, esta vez sin el antifaz y con el pantalón en el suelo. Está casi desnuda pese al frío, solo cubre su piel un body rojo y una bufanda roja también.

El policia prevé su placer y se relame.

Mi disciplinada chica se lo come con ansia y bulimia de décadas inconclusas.

-No te atragantes- le digo notando el fervor de sus movimientos.

-Y sobre todo hazle gritar de placer.-

Cada orden va directa a su hipotálamo como si del olor más sugerente se tratase y no quisiera dejarlo escapar. Para atraparlo por siempre en su memoria. Retenerlo y hacerse con él cuando lo necesitase.

Saca su lengua y se demora en los bordes rosáceos del eréctil miembro que frente a ella va creciendo hasta casi abarcar todo el parque, o así se le antoja ante sus ojos. Abre la boca salivando y lo engulle sin apenas usar sus manos.

Los observo. No hay publico. Mejor así -pienso.

Cuando el invitado de cabello rizado está al borde del delirio sujeto la cabeza de mi chica y ella para. El policía lleno de desconcierto y placer truncado me mira.

-Paciencia- le digo sin palabras.

Cierra los ojos y suspira.

Otro breve gesto en la cabeza de mi fiel esclava y remata el delirio que moría por cobrar vida entre los arboles de un parque cualquiera en un domingo invernal de Madrid. A chorros, a borbotones. Espeso. Blanco y radiante como la nieve que en algún punto del planeta estará cayendo ahora mismo.

-Traga y saborea todo-

Lo hace. Se relame y me mira.

Acaricio su cabello.

Sabe que estoy orgullosa de ella.

De él.

 

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Pienso, luego vuelo.

Mi minotauro preferido es mitad hombre, mitad fantasía.

A ratos posibilidad, casi siempre vértigo.

En ocasiones lo coloreo y lo transformo en animal,

nocturno eso sí, entonces lo llevo de la mano y lo saco a bailar.

Me visto de viento y fuego, él se llena de agua bajo su pantalón.

Intenta embestir pero se le enreda la oscuridad.

Unión de animalismos.

Explota la noche , abrimos alas y surcamos abismos viscosos.

Su humor se atraganta entre mis muslos.

Le pido más.

Se abre. Primero su boca, la lleno de palabras húmedas.

No tomes tierra aún- le digo. Quien la necesita cuando el aire acaricia y revuelve.

Mi licántropo se deja bailar,

despeinado,

mientras nos sacamos a arañazos la ciudad de la piel.

“La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo e mundo suelta una exclamación…”

(Jack Kerouac)

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Busca el latido.

Carta 4, de Victor a Lara:

El erotismo es un humanismo.

Permíteme que lo plantee en estos términos, parafraseando a Sartre y su concepto humanista del existencialismo. La relación entre un dominante y un sumiso es erótica, y en ella se establece una relación de continuidad más allá de la sumisión sexual que nos habla de cuerpos sagrados, dispuestos a la profanación de la realidad.

Conviene destacar que la realidad es aquí un sistema simbólico, construido por convenciones no necesariamente perennes, a veces, son tan transitorias como lo son las corrientes artístiticas más efímeras o las modas. En un mundo hiperdigitalizado, preñado de trivialidades conformadas como espacios virtuales y  sagrados que inducen al individuo a someterse a ellas sin ningún juicio crítico,  el terreno del erotismo es el terreno de la violencia, de la violación de las convenciones, en busca de lo real, de algo que trasciende más allá de las apariencias para poder captar la verdad  que se oculta dentro de nosotros, nuestras fortalezas, nuestras debilidades. 

Nuestro erotismo es un erotismo sagrado,  pienso en la equivalencia entre sexo y sacrificio, pienso en Los cuerpos sagrados de Guide, otras veces sumergido en el intrigante pálpito de la vida cotidiana. Cuando hablamos de erotismo somos incapaces de sustraernos a un ritual, un conocimiento del cuerpo, venerado, violado. De la riqueza intelectual de un dominante dependerá que esa relación erótica trascienda más allá de una sesión.

Tiene razón Bataille cuando afirma que el erotismo tiene como fin alcanzar al ser en o lo más íntimo, hasta el punto del desfallecimiento. En el BDSM de una forma más exquisita, a veces más exagerada, otras grotesca, siempre sádica, perfeccionada, se reproduce el principio de destrucción del aislamiento de los participantes en el juego. Todo juego establece una relación entre los participantes pero en la erótica, y en la sado-masoquista, el juego continúa después de la partida. La desnudez, el fetichismo, el sometimiento físico o psicológico, construyen una nueva comunicación que se prolonga más allá del juego entre dominante y sumiso, Se revela como una continuación posible del ser, modulada, canalizada a través de los conductos de lo real que subyacen en la realidad: se trata de la búsqueda de lo obsceno. 
Un cuerpo poseído, otro cuerpo entregado, enlazados por el deseo y la fascinación por lo desconocido. A veces, lo desconocido es un acariciar con los dedos la muerte, rozar con la mente lo que no tiene definición, quizá por eso lo desconocido es siempre un simulacro de la muerte, pues desconocemos el sentido trascendental de ella y somos incapaces de contarla, si no es a través de la ciencia o de las religiones. Entre un dominante y un sumiso se abre una continuidad más allá del sacrificio que, efectivamente, como cuentas en tu carta, vamos acompasando, según nuestros respectivos estados anímicos.

El BDSM es una constante perturbación de la vida convencional, es una íntima rebeldía que nunca alcanza el sentido de la revolución porque sería su propia condena. El sado-masoquismo es la quintaesencia de la libertad individual, de nuestra individualidad.  Con el erotismo, así entendido, lo que se cuestiona es el status quo, el orden regular de la rutina y sus instituciones. 
Qué alimenta esa continuidad más allá de una sesión. ¿Es el deseo? Hemos hablado del deseo ante un cuadro de Caravaggio o de Tintoretto, cuando te acaricio el muslo y me restriego a tu vera, mientras nos contemplan las Tres gracias, la Venus del Espejo o el Moisés de Miguel Angel, pero no hemos hablado de la pasión y creo que la pasión es lo que nos permite aceptar la angustia y el sufrimiento, aquello que se vuelve inaccesible. Solo el sufrimiento revela la verdadera naturaleza del dominante y del sumiso: si el dominante no puede poseer al sumiso más allá de la sesión, si sólo el sumiso puede en este mundo realizar lo que nuestros límites prohíben. Y en definitiva, lograr la fusión de las lágrimas en un abrazo prolongado donde la liberación y la continuidad no encuentran cesura. La pasión nos adentra en el sufrimiento que es la búsqueda de lo imposible.  

Después de una sesión echo de menos un abrazo, un momento de profunda entrega y admiración, de respeto y veneración. Así son los momentos que prolongan una sesión, con un gesto en el que se siente el fulgor de los cuerpos, el pálpito sincopado de nuestros respectivos corazones. Así concluyeron las sesiones, con un sentimiento de veneración. En ocasiones, el gozo de lágrimas fundidas con las mías.

Hoy el aire está denso. Debe ser el cambio de tiempo, de estación, “el velo semitransparente del desasosiego…”echo de menos un abrazo, necesito el tuyo. 

No te quiero aburrir más, sería imperdonable.

Te deseo.

Víctor

Yo conocí el secreto del fuego mucho antes que el primer bosque se incendiara.

Antes aún de aquella hoguera,

antes de la llama.

Como todos los hallazgos

fue accidente,

tropezar con la chispa en tu palabra,

y después, ¿qué remedio?:

encenderme

con el roce casual de tu mirada.”

(Aída Elena Párraga)

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Milk and honey dripped from my lips as I answered.

Carta 3, de Victor a Lara:

El efecto Pigmalión nos ronda. ¿Acaso no es hermoso cuando observas la metamorfosis en la sumisa y es absolutamente desalentador cuando el orgullo o la falta de interés se desvelan con el paso del tiempo?. No sé si te comenté en la otra carta mi decepción en los clubs de  BDSM. Ayer me identificaba con las palabras de Catherine Robbe-Grillet, la viuda de Alain, por la que sentía respeto y después de ver “La Ceremonia”, sólo puede sentir admiración. El BDSM tiene mucho de ritual, ese es un atractivo, y como todo ritual es trascendente en nuestra percepción de la realidad. Pero mi experiencia es que se ha transmitido como una fiesta, un club social, asexualizado, una especie de competición entre sumisos reunidos para determinar quién resiste más el dolor. Como comprenderás es decepcionante y, peor aún, aburrido. 

Nunca he tenido una sumisa 24/7 porque las dos sumisas que tuve vivían fuera de mi ciudad. Algo que, de alguna manera, lo dilataba todo. Agendar encuentros, sesiones, días, lugares…Hubiera sido interesante saber en qué habría derivado ese 24/7 aunque tengo que reconocer que no he conocido a nadie todavía que lo haya llevado a cabo. 

Mi fracaso en el BDSM se debe a que, probablemente, de manera inconsciente, he pretendido disolver el binomio señor/sumisa. Romper las normas del juego es algo que me seduce siempre, quizá porque mi manera de pensar es intuitiva y trata de buscar siempre soluciones alternativas, marginales, más transgresoras, sin que eso signifique ni mucho menos que no sienta un profundo respeto por la tradición. Creo que ha sido así porque necesito alimentarme de algo que respire de lo nuevo. Me gusta aventurar que si viviera una relación 24/7 estaría inspirado en aquella frase de Gerard de Nerval que leí cuando era un adolescente y que ha guiado mi manera de ver el mundo de alguna manera: “otorgar a lo cotidiano la dignidad de lo desconocido”.

Anteriormente te citaba a Robbe-Grillet y estoy seguro de que ella defendería con gran entusiasmo que un dominante tratara de formular nuevas reglas. Pero los tiempos actuales no hacen que sople el viento en esa dirección. Creo que el BDSM vive absorbido por etiquetas: ¿eres switch?, ¿brat?, ¿esclavo?, ¿sumisa?, ¿amo? Creo que todo eso, finalmente, hará que el BDSM sufra de una enfermedad degenerativa. Se disolverá por inanición, o peor aún, por una fibrosis pulmonar o una esclerosis que le impida respirar oxígeno o moverse con agilidad. El BDSM ha creado sus propios hastags que quedan muy bien bajo una foto en instagram, pero carecen de sentido en la vida real. El filosofo Mark Fisher, que se suicidó hace unos años, y que te recomiendo encarecidamente que leas, distinguía lo real de la realidad. La realidad es un sistema simbólico, muy importante para nuestra comunicación, lo real es el cúmulo de contradicciones ocultas tras esa realidad.

No me he enamorado de mis sumisas, porque no despertaron nunca ese sentimiento. Me hubiera consolado saber que eran realmente sumisas y no estaban siguiendo una moda, por mucho tatuaje grabado en su piel o muy alternativas que parecieran. Obviamente, mantener una correspondencia como esta con ellas habría sido imposible. Una de ellas era diseñadora. La otra vivía en Cádiz y aunque era dominante, quería ser mi sumisa. Desde un punto de vista intelectual no tenía nada que hacer con ellas. Comprendí que esta circunstancia alimentaba mi sadismo, no necesariamente desde un plano físico, que también, sino psicológico. No lo soportaron. Me consuela una amistad latente, al menos supongo, aunque no he vuelto a tener contacto con ellas. 

Nunca he tenido un sumiso, no en un sentido estricto, pero sí he generado esa dependencia emocional en algunos hombres que buscaban mi protección y se prestaban a servirme. Pero yo eso lo he investido con el lenguaje de la amistad. Lo he transformado en camaradería. Probablemente hoy, en un incipiente estado de cambio, podría haber derivado en una relación amo/sumiso con alguno de ellos, pero estaría prevaliéndome de su situación emocional. Sería cruel, pero no sería en sentido estricto justo. Como ves, no tengo ningún prejuicio con la crueldad, ni tampoco con el dolor, a un nivel corporal o a un nivel psicológico. El sadismo es inherente a mi manera de pensar.  Conocí a unas cuantas mujeres que disfrutaban con ella sin haber sido sumisas. Creo que está en nuestra “genetica cultural”. De alguna manera, eso ha sustituido la vacante de sumisa en mi vida

A las dos sumisas que tuve les permití que fueran ellas quienes tomaran la batuta. Creo que es bueno hacerlo, porque me fascina jugar con la idea del otro. Forma parte de un buen aprendizaje. Que conozcan las responsabilidades, el sentido de la entrega y de la posesión. Lo hace todo más “democrático”. Y porque de esa manera interiorizan mejor su papel de sumisa. Es curioso la facilidad con que lo hacen desde un plano sexual y lo difícil que es que lo hagan desde otro intelectual. Esta circunstancia viene a verificar que no todo el mundo puede ser dominante y sobre todo, como todo se ha convertido en un espectáculo. Y nadie más hedonista que yo, pero hedonista hasta la muerte.

Te deseo.

V.

“I have

what I have

and i´m happy.

I´ve lost

what I´ve lost

and i´m

still

happy”

(Rupi Kaur)

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11º mandamiento: me saldré con la mía.

“When the erotic and tender are mixed in a woman, they form a powerful bond. A fixation.”

(Anais Nin.)

Fuimos al cine. Por fin.

Me puse casi de gala , después de tantos meses la ocasión lo requería.

Y para mi ponerse de gala es coger el último conjunto de lencería que se me antojó comprar hacía apenas días.

Encaje negro con ligueros incluidos. Sandalias de tacón y un vestido corto con mucho vuelo. Me perfumé. El último toque en mis labios de carmín y dispuesta a seguir con todos mis sentidos la película. O no.

Mi acompañante me esperaba en la puerta. Sonrió al verme llegar, imagino que me intuía más “casual”. Pero yo tenía una cita importante, con el cine, claro.

La oscuridad, la pantalla grande, las butacas meciendo mi cuerpo, el olor a intriga en el aire. En la mitad de la película mi atención comenzó a esparcirse por la sala mientras aumentaba el calor. Me subí el vestido. Le dije a mi acompañante que se agachara. Me apetecía dejar mis pies en un lugar más blandito que el frío suelo de la sala.

Sonriente como siempre lo hizo, se situó “a cuatro patas” , me quitó las sandalias con suavidad y comenzó a lamer mis dedos de uñas rojas.

Uno a uno. Con tanta dedicación que sin buscarlo perdí varios minutos de la película. El calor de su lengua húmeda se apoderaba de mi piel, intenté con sutiles movimientos que lamiera los dos pies a la vez. Casi lo consigo.

Cerca de nosotros había una pareja tal vez siguiendo la película. Nos dio igual.

Mis pies se retorcían dentro de su boca, sobre su rizado cabello, en su rostro. La comodidad del vestido me permitía abrir las piernas y moverlas a mi gusto. Seguí viendo la película mientras su boca buscaba mis cosquillas tan solo consiguiendo que mi excitación creciera por momentos licuada y arrebatada.

Llevé mis manos a mis piernas sutilmente bronceadas por el sol y le indiqué con un breve movimiento que las recorriera con su lengua en sentido ascendente.

Con tan leve cadencia lo iba haciendo que cuando quise darme cuenta mis dedos estaban bajo mi lencería, casi sin ser consciente de como habían llegado hasta allí, me sorprendí a mi misma acariciándome y con los diptongos escapándoseme entre suspiros.

Llevé dos dedos a mi boca, los relamí y se los ofrecí a él que gustoso hizo lo mismo.

Ahora volví a indicarle donde quería sentir , más bien necesitar, su lengua.

Le allané un poco el camino, separando con mi pulgar el tanga hacia un lado, mientras con el dedo corazón le indicaba el punto exacto .

Las feromonas resbalando por el suelo, su cabeza entre mis piernas y yo sujetándole para que se moviera a mi ritmo. Coloqué mis pies desnudos sobre el asiento delantero y esa butaca que se iba desbaratando por momentos.

Y como dijo alguien, aquello duró un instante pero podría haber eclipsado la eternidad.

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J’caresse le monde. J’meurs dans un cauchemar exotique.

Él recibió un mail donde le invitaban a dirigirse a la habitación de cierto hotel. Allí debería buscar un sobre rojo y leer su interior.

-Conociéndola, ese sobre estaría en el rincón más insospechado- pensó él, impaciente ya.

Sobre la cama de sabanas blancas, ella depositó un paquete que él abriría tras leer las instrucciones para seguir después cada paso con esmero.

Ella sabía que él se esforzaría en el intento de satisfacerla, sabía que él era de esos que se atreven a vivir volando, valientes y entregados.

Pero esta vez…este juego….

A la hora indicada, él se presentó en la habitación , cerró la puerta y con toda la calma del mundo se dispuso a descifrar su mensaje.

-Me gustaría que te vistieras con el uniforme que te dejo en esta caja, dentro también verás tú ropa interior, un tenga negro de encaje y unos zapatos de tacón mediano.

Minutos después apareció ella. Elegante, con un pequeño short negro y una camisa blanca. Unas preciosas sandalias negras con suela roja y unas gafas negras con borde rosado.

Pudo observarle perfectamente ataviado con el uniforme de Sisi que ella le habría escogido con tanto cariño.

Apenas podía mantenerse erguido con los tacones, pero ella le sujetó de la mano y le dijo que si quería, podría hacerlo.

Ella le tapó los ojos con un pañuelo negro de seda. Pudo notar su excitación tan sólo con escucharle respirar.

Confías en mi?-le susurró al oído.

Siempre- contestó él.

Lo besó suave y lento.

Que rico besas- musitó él.

Ella sacó una correa bien larga de su bolso negro y rodeó su cuello con ella.

-No tengas miedo en ningún momento. De un modo u otro voy a estar a tu lado cada instante.- volvió a susurrarle muy lentamente.

Él tragó saliva. Respiró.

Ella dirigió su mano por debajo del mini uniforme de él para comprobar que llevaba el pequeño tanga de encaje y pudo palpar su excitación.

Apretó.

Fuerte.

Más aún.

Su excitación rezaba por salir de la ropa interior.

-Ya no te hará falta-y en un ligero gesto, le quitó la lencería.

Ella cogió la correa y le dirigió hacia la puerta de la habitación.

Él titubeó.

Ella le besó.

Rápido.

Profundo.

Y luego el vacío que deja una boca al abandonar.

Cerró la puerta.

-Hoy voy a saber si estás a la altura de mis exigencias. Te ataré frente a la puerta y me esperarás, tarde lo que tarde.

Llevarás estos cascos inalámbricos y este móvil que dejo en tu bolsillo.

En algún momento te llamaré, cogerás la llamada y seguirás fielmente mis indicaciones-le indicó con firmeza y dulzura.

Ella pasó su lengua por sus labios semi abiertos y se despidió.

El pasillo del hotel era largo, las habitaciones pareciera que se multiplicaban. Era un mes de verano y el trasiego de pasos estaría asegurado.

Pasó tiempo. Minutos, vidas, a saber quién lo calcula en momentos así.

Llamó y él contestó expectante.

Ella le indicó que se pusiera de rodillas.

-Quiero verte a cuatro. A cuatro metros de mi. Me gustaría verte expuesto. Vulnerable , seductor, frágil y sobre todo saberte mío.

Aunque escuches pasos, voces, murmullos no les des importancia. Estamos solos tu y yo.

Tal vez quieran tocarte, usarte , hasta poseerte, te dará igual. Eres de mi propiedad y eso es lo importante.-

Colgó.

Él temblaba. Miedo y deseo a pares.

Qué podía más?

Y la relatividad del tiempo.

Y el tiempo circular y todo lo demás.

Otra llamada.

-Te excita esta situación?-le preguntó ella al otro lado de la línea.

-Mucho-casi respondió él.

-Sabes, hay que ganarse el placer. Quiero que te levantes el uniforme y dejes tus nalgas al aire.-

-Alguien se atrevió a tocarte? -ella le hablaba, le interrogaba pero no le interesaba su respuesta.

-Imagina que en este instante un grupo de amigas pasa por tu lado. Puedes sentir sus tacones y sus risas. Se acercan a ti. Te observan con curiosidad, como si de un objeto se tratara, te miran, te tocan. Deciden usarte para su placer.

Tal vez la chica de pelo rizado decida llevar la punta de su zapato a tus nalgas desnudas, o luego prefiera clavarlo ligeramente en tus testículos.

Y tú tal vez gimas, y ella entonces te dé una bofetada porque no desee escucharte.

Imagina que la amiga de pelo largo y rubio se sitúa frente a ti, levanta su corto vestido de flores y dirige tu cabeza y boca hacia su sexo. Seguro que tú, sabrías lo que ella esperaría de ti.

Por un momento, solo por este único momento imagina que la tercera amiga, la de gafas de pasta quisiera comprobar el material y tras acariciar tu polla con fuerza querría después saber de tu resistencia.

Entonces untaría sus manos de saliva con sabor a carmín y las dirigiría hacia tu miembro que a esas alturas se moriría ya por reventar presentes. Ella te exigiría que te corrieras entre sus dedos una vez y otra y otra más..

Sabes que lo harías.Su sed merecería ser calmada de la mejor manera.

Puedes sentir el calor de sus dedos?-le preguntó ella desde la enorme distancia que supone un móvil en ciertas ocasiones.

Él balbuceó aturdido, extasiado.

-Me posees desde la distancia- pensó, pero no se atrevió a decírselo.

Sigue así. Volveré a por ti en breve.

Ahora tengo que colgar…

 

 

 

Educar a alguien no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía”.

 

 

 

 

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La voix que j’aime.

 

Vos, mi lógica cartesiana.

Mi constructo menos reducido.

Mi logaritmo deseado.

La probabilidad más exacta.

Mi estadística más certera.

Llegas con tu piel convertida en formula imposible.

Te digo que penetres mis incógnitas y lo haces a golpe de variables.

Fuertes.

Seguras.

Progresas geométricamente y lo celebro vertiéndome en tu boca.

Te lleno.

Te vas, llenando el espacio de infinitos, aunque sé que volveré a tocarte

y no hablo de la piel.

Regresas aleatoriamente y todos mis ángulos lo celebran.

Vos, mi axioma más excitante.

Coordéname bien dentro. O desordena todo.

Sé mi binomio más exacto,

sin asimetrías que te alejen de mi boca.

 

 

“No se puede llegar al alba sino por el sendero de la noche”

(Khalil Gibran)

 

 

 

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Bébeme y serás el otro que quieres ser.

Hace varios besos ya, la loba conoció a caperucito en una noche de luna llena, cuando él llegaba de un viaje ínter espacial alrededor del asfalto.

Traía una maleta y 2 sonrisas guardadas en el bolsillo izquierdo.

-Me gustas tanto- le dijo él desde la profundidad de su pantalón.

-Pienso comerte esa sonrisa- pensó ella.

Y tras haberse leído mutuamente con los dedos, la intensidad fue cambiando de color.

Y cuando la intensidad se licuó y la humedad casi inundaba cada rincón de la habitación comenzaron a flirtear con la noche madrileña.

A veces volaban y rozaban alguna otra luna fisgona, otras veces se sumergían bajo olas orgiásticas repletas de jazz, fusionando  risas y mordiscos.

La última vez que quedaron ella le prometió un encuentro inolvidable. Para él, para ella, para la ciudad.

La loba y caperucito irían a cazar ángeles de sexo indefinido en la noche más fría de la ciudad, para que las caricias de los 3 se unieran más allá de las sábanas.

Caperucito, un poco temeroso ante la idea, dudó unos segundos.

Los mismos en los que ella, mirándole y susurrándole imposibles, le apretó su excitación de tal manera que él asintió rápidamente. Estaba convencido que esa noche sería muy especial.

Caperucito aseguró que sí, que iría con ella, porque con ella no hay miedo, solo ganas de enredarse en su sudor.

Pensó en asirse a sus pechos azules de pezones dorados.

Deseó agarrar sus caderas y clavarle sus pensamientos ahí mismo, junto a la pared.

Imaginó sus 5 dedos, como 5 falos atravesando  su boca, humedeciéndolos con su lengua inquieta.

Quiso bajarle las bragas en lugar de la mirada, pero se agarró a la prudencia y solo sonrió.

Excitado.

Nervioso.

Se besaron con palabras y saliva y salieron a la noche.

En una noche oscura, con los astros tiritando de excitación y de envidia…

“El ojo nunca se sacia”

 

 

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El buscador es lo buscado.

Mi aprendiz de poeta urbano hoy jugó a enredar las palabras:

 

“Mi ruta eres tú
mi despertar
lo primero en aparecer en mis sinapsis
mi maridaje
mi prólogo

mi epílogo
mi sinopsis.

Mi oasis en la ciudad

el beso de adrenalina revolucionando mi bioquímica.

Mi geografia ambigua

mi huida deseada.

Mi…”

 

 

“Ser en la vida romero, romero…solo romero.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.

Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,

ligero, siempre ligero.”

(Leon Felipe)

 

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Your body is my playground.

“La única gente que me interesa es la que está loca,

la gente que está loca por vivir,

loca por hablar,

loca por salvarse,

con ganas de todo al mismo tiempo,

la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes,

sino que arde,

arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas

y entonces se ve estallar una luz azul

y todo el mundo suelta un ¡¡¡Ahh!!!.”

(On the Road)

Y desde esta sensual disciplina de la humillación

después  del hotel te llevé por la ciudad,

de mi mano

con tu collar recordándote a quien pertenecías y perteneces .

Con tu cinturón de castidad oprimiendo tus ganas y esos centímetros de piel que son ya, míos

y te exhibí

y te dejaste hacer.

No había otro modo.

-Me siento libre y poderoso- me dijiste.

Te besé
y toda la ciudad lo hizo también.

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