El buscador es lo buscado.

Mi aprendiz de poeta urbano hoy jugó a enredar las palabras:

 

“Mi ruta eres tú
mi despertar
lo primero en aparecer en mis sinapsis
mi maridaje
mi prólogo

mi epílogo
mi sinopsis.

Mi oasis en la ciudad

el beso de adrenalina revolucionando mi bioquímica.

Mi geografia ambigua

mi huida deseada.

Mi…”

 

 

“Ser en la vida romero, romero…solo romero.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.

Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,

ligero, siempre ligero.”

(Leon Felipe)

 

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Por donde te busco me encuentro.

Y en el fondo del mar te encontré.

Otro loco suicida.

Otra apuesta a doble o nada.

Ven.

Te esperamos mis caderas y yo.

Para que entres.

Te sumerjas.

Nades.

Para que te hundas en ellas

y me pidas que te rescate.

Ven,

y traete tus palabras tiritantes,

tus certezas.

Tal vez haga un almíbar con ellas

aderezado de incertidumbres.

 

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Es hermoso ser lo que eres. (J.P. Gaultier)

Otro jueves que quise ir a esperarle a la parada del autobús.

A la misma hora, puntual y expectante, como siempre, aunque esta vez quise darle una pequeña sorpresa, por eso de cambiar lo bueno por lo estraordinario.

Tarde de calor en Madrid, una parada poco frecuentada y a una hora en la que te apetece  estar en cualquier lugar menos en una parada de bus, la ocasión lo pedía a gritos.

Me puse un vestido muy corto y  vaporoso, de los que se mueven solos según vas caminando o de los que se meten entre las piernas si te descuidas.  Me puse unas bailarinas y salí así, sin ropa interior.

Por el calor, y por él…

Ya en la parada, me senté.

Gafas de sol, carmín rojo “bésame ya” y dispuesta a esperarle con una sonrisa hambrienta.

Unos 5 minutos y el bus se aproximaba. Subí un poco el vestido, dejando rozar mis muslos  por él y abrí ligeramente las piernas. Pude sentir una ligera brisa y la excitación que comenzó a crecer o tal vez a resbalar.

El bus frente a mí parando. Yo humedeciendo mis labios lentamente con la lengua.

El calor…

Él, bajando a ritmo lento y caminando hacia mí.

Yo, acariciando y llevando mi cabello hacia un lado.

El bus que no acababa de irse de la parada. Mis piernas más abiertas aún, aguardándole.

Y él, cada segundo más cerca.

Y yo, cada suspiro, más excitada y palpitante…

 

_Yo, con vértigo y tú, haciéndome volar_ me dijo al aterrizar su mirada frente a la mía.

 

 

 

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“Lo máximo que se puede esperar de la perfección es un instante”

Así decía el hierro al imán: te odio porque me atraes, sin que tengas fuerza suficiente para unirme a ti.(Nietzsche)

Déjame conjugar tu nombre entre tiempos y juegos.

En tus dedos.

Bajo tu ombligo.

Déjame eternizarlo en los días y las tardes.

En las  largas madrugadas de carmín rojo.

Ese nombre que tienes y que juega en la memoria de los relojes y las horas

de los minutos y los instantes .

Ese nombre,

me gustaría abrazarlo

saborearlo

sentirlo crecer dentro 

en el delirio

a contraviento

entre mis muslos 

chorreando acentos.

Ahí, justo ahí,

bajo la ropa enjuagada de placer

que se derrite preguntando por vos…

(Junio18)

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Contar, si no es con tus manos, siempre es de menos.

“Cuando doy rienda suelta a lo que soy, me convierto en lo que podría ser” ( Laozi)

 

Has vuelto a entrar en mis metáforas

lentamente,

acariciando cada palabra desafinada.

Me has visto abierta de piernas a la rima

y a la risa también.

Te has desnudado para leerme mejor,

para amanecer empalmado frente al espejo.

No has necesitado tocarte

lo he hecho yo con mis uñas afiladas

mojándote de calma

desde mi aquí

desde este litoral

que te baila lento y sin luz…

 

 

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Descalza por las nubes.

Mi chico de fuera ha vuelto este fin de semana, y como hacia un tiempo que mi saliva no traspasaba sus fronteras ha venido con sed.

-Quiero sentirme más tuyo que nunca- me dijo por mail.

Para que cuando vuelva a coger el próximo vuelo y la distancia nos aleje, te siga sintiendo.-

 Y me quedé pensando sobre que nueva experiencia podríamos vivir juntos que se ajustase a esto.

Y lo tuve claro enseguida. El tiene un poco de pudor público que poco a poco va venciendo, le cuesta pero quiere superarse, así que el juego tendría doble objetivo.

Le esperé con ganas, se puso la camiseta que tenia preparada para él y salimos al mundo.

-Me siento muy seguro junto a ti -me dijo, y le besé.

Cogimos un taxi y rápidamente llegamos al sex shop elegido.

Se ruborizó, me miró. Le cogí de la mano.

-Has de elegir un juguete que después te acompañará a tu país y ese será nuestro símbolo- le dije .

-A continuación empezarás a hacer preguntas al dependiente sobre su uso, aclarándole que sobre todo tiene que gustarme a mí.- añadí.

Me miró con cierta suplica, respiro y afirmó con su mirada.

Comenzamos a curiosear por la tienda, nos movíamos con sigilo, con expectación, le observé y comprobé como fue directo a una vitrina con juguetes que parecían joyas por la sofisticación de su diseño.

Y con la precisión de lo indiscutible señaló una belleza de color blanco.

Este – me dijo con rostro de interrogación.

-Me parece perfecto para ti – le contesté.

Le guiñe un ojo y entendió que ahora tocaba el turno de ruegos y preguntas ante el dependiente.

Cogí su mano , la situé justo entre mi falda y mi sonrisa. Respiró y pude comprobar como la seguridad le invadía, lentamente.

 

Compramos un cinturón de castidad, para él, de silicona, de tal modo que podría viajar con él puesto, incluso pasar por la aduana sin miedo a dejar evidenciado nuestro símbolo.

 

Salimos de la tienda, olía a aire fresco y a aceras adheridas a los talones. Fumó un cigarrillo, sonrió.

Me dio las gracias.

Mordí su sonrisa.

El tiempo restante, ya en la habitación voló entre los dedos y más allá del ombligo, arrugando las paredes entre gemidos  . Dejando sabanas en el suelo y el placer derramado en cada rincón .

Y llegó el momento de colocarle el cinturón .

Mientras acariciaba el suave tacto de la silicona,s u sexo quería liberarse , cobrar vida bajo el juguete,lo humedecí, cerré con el candado de plástico y me quedé unos instantes disfrutando del momento.

Le di varias instrucciones y sobre todo le advertí que no se lo podría quitar hasta que volviéramos a vernos 1 semana después.

-Me aferraré a él como si fuera tu piel-me dijo.

Me lo tuve que comer a besos.

Húmedos.

Lentos

Profundos

Invasivos.

 

“La vida es un paraíso, pero no queremos saberlo” (Dostoievski)

 

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Tengo un romance con los mejores labios de la ciudad, y él aún no lo sabe.

No hace falta

que nos perdamos

por las calles de la ciudad,

besándonos en cada una de las viejas esquinas

descritas por cada uno de los nuevos poetas,

ni que bebamos vino tinto junto al mar

en noches de luna llena

mojándonos los pies,

dejándonos  acariciar los dedos  por alguna suave ola

que nos besa lentamente,

y  ser así, más  intensos.

Para ser dignos de erizar pieles

de estimular miradas

o letras,

en  dos frases arrítmicas.

No hace falta,

si tú  y yo follando en el  suelo

ya somos poesia…

 

 

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Mi sístole bailando con tu diástole.

Cuando te como

todos los mares caben en mi boca

navegan veleros fantasmas por mi lengua

y presiento tsunamis de placer que llegan.

Cuando te como el coño

conozco el vino que dio origen a la vida

y lo bebo como el borracho más dichoso

para servirme un trago más de tus adentros.

Cuando te como el coño

espío el porvenir de tus recuerdos

mientras tu cuerpo se exprime

para dar de beber a este eterno sediento.

Digamos que cuando te como entera

te quiero tanto

y como tengo la boca ocupada

en el más feliz de los trabajos

puedo ocultar que me he quedado

seco,

sin palabras.

Están nadando en lo más hondo

diciéndote poemas líquidos

que explican sin sonido

lo que siento

cuando te como el coño.

 

(C. Salem)

 

 

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Moja mi calma.

Me gusta eso de que contigo los sentidos se reducen a 3..

Buscarse, besarse y desearse,
más todo eso del no me  toques ahí que me derrito,
vuelve a hacerlo así,

lento

sin piedad.

Y sin  miedo a que se empapen hasta las paredes.
O tal vez  un ‘hazlo como quieras

pero por dios, no pares…’

Te regalo un 4 sentido, a cambio de tu próximo huracán.

La ecuación quedaría así…

Buscarse.

Desearse.

Besarse.

Comerse entre líneas…

 

L.S.

 


 

 

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